Volvemos a Yakarta
Ese día madrugamos para llegar a tiempo al aeropuerto internacional de Lombok. Desde allí salía nuestro inusual vuelo de hoy. Para ir a Yakarta, teníamos que hacer una escala en Labuan Bajo, en la isla de Flores. Es decir, fuimos al este para poder ir al oeste.
Además de nuestro gusto por complicar los desplazamientos, la motivación principal era otra. Como recordaréis, nos habían cancelado la excursión a Komodo, así que lo más económico era aprovechar los vuelos que ya teníamos comprados.
Una vez en Labuan Bajo, teníamos varias horas de escala, así que buscamos un sitio para ponernos al día con el blog. Acabamos en unos grandes almacenes con varios pisos de souvenirs y, en la última planta, nos encontramos un restaurante con música en directo y más de una decena de trabajadores.
Parecía uno de esos sitios en los que da miedo abrir la carta. Así que nos sentamos tímidamente, miramos los precios y respiramos tranquilos: seguían siendo precios indonesios. Lujo.
Ya con los deberes medio hechos, entramos al siguiente avión con destino Yakarta. Esta vez nos vimos rodeados de españoles, seguramente porque Labuan Bajo es una de las principales puertas de entrada a Komodo.
La ventaja de que este trayecto fuera más largo es que nos dieron cena. Así que, una vez en Yakarta, nos fuimos directos a dormir.
Masjid Cut Meutia
Al día siguiente, la idea era hacer turismo y gastar lo que nos quedaba en efectivo. Nos gustan las rupias, pero no tanto como para llevárnoslas a casa.
El problema es que los dos millones de rupias que habíamos metido en la mochila facturada desaparecieron durante el trayecto. Unos 100 €. Así que, recomendación para dummies: NO metáis efectivo en la bodega de un avión.
Por suerte, el plan del día era bastante low cost. Empezamos visitando Masjid Cut Meutia, una mezquita bastante peculiar. Normalmente, las mezquitas están construidas teniendo en cuenta la orientación hacia La Meca. Sin embargo, en este caso se reutilizó un antiguo edificio administrativo neerlandés de la época colonial.

Como resultado, el edificio apunta hacia un sitio y las alfombras de oración hacia otro. Así que, al entrar, todo parece ligeramente torcido. No sabemos hasta qué punto será habitual encontrar algo así en otras mezquitas, pero nos pareció una forma bastante curiosa de ver cómo la historia colonial todavía condiciona físicamente la ciudad.
Taman Ismail Marzuki
Sin duda, lo que más nos gustó de Yakarta fue su gran complejo cultural. Arquitectura contemporánea, teatros, auditorio, planetario… y, sobre todo, una enorme biblioteca se concentraban en una plaza gigante. El complejo está dedicado a Ismail Marzuki, uno de los compositores más importantes de Indonesia, especialmente conocido por sus canciones vinculadas al sentimiento nacional y a la independencia.

La biblioteca no tenía nada que envidiar a muchas instalaciones culturales europeas: tres pisos llenos de libros, zonas para estudiar, espacios de reunión, salas de trabajo… De hecho, nos recordó bastante al DOKK1 de Aarhus, en Dinamarca, que todavía hoy seguimos considerando como la biblioteca más increíble que hemos visto.

Taman Suropati
Como no todo podía ser caminar, planificamos un pequeño descanso en un parque. Por el camino vimos otra cara de Yakarta: casas enormes, de diseño, con jardín y seguridad en la entrada. Era tal cual Beverly Hills. A saber si nos cruzamos sin saberlo con alguna Carmen Machi o algún Mario Casas versión indonesa!
Cuando llegamos a Taman Suropati, el parque tampoco nos pareció extraordinario. Pero tenía algo que después de tantas horas por Yakarta empezábamos a valorar muchísimo: Tranquilidad.

Los árboles y los jardines alejaban un poco los coches y sobre todo, el ruido. Un ratito de calma, recargar pilas y a seguir.
Jalan Surabaya Antique Market
Estuvimos a punto de saltarnos esta parada. Menos mal que no lo hicimos, porque allí nos estaban esperando cuatro maravillosos candados. Después del pequeño incidente con las mochilas, decidimos equiparnos mejor.

Eva llevaba ya llevaba un tiempo perfeccionando la técnica del regateo y consiguió parar un par de goles que nos quería meter el tendero. El mercado era larguísimo, con una veintena de tiendas abarrotadas de pequeños cachivaches: reproductores de vinilo, cámaras antiguas, espadas, máscaras, monedas… El tipo de sitio en el que entras diciendo «solo vamos a mirar» y siempre sales con algo.
Plant Culture
Indonesia también tiene su propia versión de MasterChef, y vimos que uno de sus concursantes había abierto Plant Culture, un restaurante vegano en la capital.
Como nos había gustado la experiencia de ir en mototaxi, decidimos que ese sería nuestro medio de transporte. Y todo bien, hasta que vimos que se tardaba una hora. Y qué hora.

Durante el trayecto vimos (y olimos) una Yakarta bastante diferente a la de los rascacielos: puestos de comida en la calle, lavanderías, talleres, obras, tráfico… Y, sobre todo, gasolina. Mucha gasolina.

Eso sí: llegamos al restaurante y la comida estaba fantástica. Y vegana. Objetivo cumplido.
Diversidad religiosa
Indonesia es un país de mayoría abrumadoramente musulmana, pero no es un Estado islámico.
Su sistema político se basa en la Pancasila, una filosofía de Estado que intenta integrar una sociedad enormemente diversa. El país reconoce oficialmente distintas religiones, entre ellas islam, protestantismo, catolicismo, hinduismo, budismo y confucianismo. Y esto se ve de una forma especialmente curiosa en el centro de Yakarta.

Allí están la Catedral de Yakarta y la mezquita Istiqlal, la más importante del país, prácticamente una enfrente de la otra. Incluso están conectadas mediante el llamado Túnel de la Amistad, construido como símbolo de convivencia entre ambas comunidades religiosas.

Después de haber pasado por Bali, mayoritariamente hinduista, y Lombok, principalmente musulmana, era una imagen bastante buena para ir cerrando nuestra visita a Indonesia.
Café Stroom
Para acabar el día, y como sorprendentemente todavía no habíamos dado suficientes pasos, nos fuimos hacia el centro. Fue increíble ver cómo se hacía de noche entre rascacielos, luces y enormes pantallas. Por momentos aquello parecía una especie de Quinta Avenida versión Yakarta.
Y en mitad de todo ese caos encontramos Café Stroom, una cafetería que parecía aislarse completamente del exterior. Nos sentamos, pedimos un té, sacamos los ordenadores y dedicamos otro ratito a contaros nuestras aventuras.
Después de tantos aviones, motos, barcos, templos, mercados, bichos, comidas, volcanes y personas que nos habíamos ido encontrando por el camino, acabar el día así tenía bastante sentido. Qué bien lo pasamos.

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