Un viaje «a Meno»
Nos despertamos a las 5 y media de la mañana para llegar tranquilos al barco, que por lo visto se montan buenos atascos. Al llegar, nos esperaba un viaje de 2 horas y pico que, a pesar de ser amenizado con la película Crazy rich asians (una americanada china muy curiosa), se nos hizo un poco eterno.
Llegamos a Gili Meno súper entusiasmados porque Ana María y Sergio nos dejaron la expectativa bien alta, y la verdad es que no defraudó. El mar es azul celeste cristalino y el ambiente es justo lo que estábamos buscando: calles tranquilas sin humos. Es una isla en la que se va a todas partes en bicicleta, motos eléctricas y muy a nuestro pesar, carros tirados por caballos.

Si rodeas la isla hay partes que tienen mucha arena, por lo que es más cómodo ir con escarpines. Los locales van descalzos, pero porque deben tener pies de Hobbit. Después por el interior hay unos pasadizos adoquinados rodeados de vegetación, vacas, gallinas y gatos. Al llegar al hotel, dejamos las mochilas y nos fuimos a comer al Bubbles, uno de los sitios recomendados.
Después buscamos un sitio donde descansar. Algo sencillo, para echar las toallas a la sombra enfrente del mar. Pero claro, apetecía estrenar las gafas de buceo, así que para allá que fuimos. El agua estaba un poco movida, por lo que teníamos poca esperanza de encontrar algo… pero allí que nos plantamos. Y menos mal, porque vimos una tortuga gigante. Así que Eva contenta, y otro check en la lista!
El siguiente plan era ver el atardecer desde el Hello Warung. Nos pedimos unos batidos de frutas que estaban para morirse, por 3€ los dos!

Esa noche recordamos nuestra estancia en Yogyakarta. A las 5 de la mañana, empezaron la llamada a la oración y parece que los 100 metros que nos separaban de la mezquita no eran suficientes para evitar el sagrado despertar.
Conociendo la isla
A la mañana siguiente, decidimos hacer algo de deporte. Aunque los tramos de arena nos dificultaron el trote, las calles eran mucho más transitables y libres de humos. Por fin, un sitio donde poder salir a correr. Nos sentó genial, aunque notamos que habíamos perdido forma. Eso nos hizo pensar que, aunque viajar tiene su lado increíble, también te obliga a renunciar a rutinas asentadas en el día a día. Y eso a veces te hace sentir torpe.

Una vez desayunados, nos fuimos decididos a ver tortugas. Teníamos fichado el punto exacto para verlas: Turtle city. Al llegar alquilamos un equipo de esnórquel porque nuestras gafas no iban con tubito y eso no podía ser. Entrar en el agua fue complicado, estaba todo repleto de restos de coral y os podemos asegurar que eso raspa que no veas. Eso se sumó a que el nivel del agua estaba muy bajo y la parte que cubría estaba lejísimos. Por fin, una vez dentro, vimos que sólo había una cosa: decenas de barcos llevando a turistas a la parte más profunda, Allí es donde las pobres tortugas intentaban esconderse del ruido de los motores. Consejos: si queréis ver tortugas, id pronto por la mañana. Antes que los barcos.
Nos fuimos tristes pero siempre nos quedaba el Bubles para subir los ánimos. Después de tomar un zumo llamado Nutty Dragon (plátano congelado, pitaya, leche de anacardo casera, mantequilla de cacahuete casera, dátiles y semillas de chía) Eva se decidió a darle otra oportunidad a las tortugas. Esta parte de la costa cubría un poco más y había muchos pececitos. De repente, allí estaba, una señora tortuga comiendo coral toda feliz. La verdad es que la presencia de esos animales en su habitat natural dan una paz indescriptible. Luego aparecieron dos tortugas más y ya nos dimos por satisfechos.

La independencia de Indonesia
Por la tarde, después de una buena siesta, nos fuimos el ambiente ya que el 17 de agosto era un día especial, se celebra la independencia de Indonesia. Había grupos por la calle cantando rock, juegos tradicionales organizados y mucha gente (sobre todo niños) con vestidos tradicionales. Vamos con algo de contexto sociopolítico de la isla, para entender qué se celebra el 17 de agosto.
Resulta que hasta el siglo XVI, Indonesia estaba habitada por distintos reinos, como Sirvijaya y Majaphit; que comerciaban con India, China y el mundo islámico. En ese mismo siglo, llegaron los portugueses para comerciar con especias, y hasta ahí todo normal. El problema llegó pocos años después, cuando llegaron los neerlandeses y su VOC (Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, o Vereenigde Oostindische Compagnie en holandés).
Esta institución, pese a ser privada, tenía múltiples privilegios, como ejército propio, capacidad para hacer tratados, monopolización del comercio, etc. Y poco a poco, se fueron apropiando de todo el compendio de islas. Cuando quebró la VOC en el s.XIX, el estado holandés se fue anexionando los territorios indonesios bajo la denominaron de “Indias Orientales Neerlandesas”. Y así fue, hasta el 1942.

En ese año, y con la Segunda Guerra Mundial en marcha, Japón necesitaba recursos para mantener su maquinaria de guerra. Como Holanda estaba también involucrada en la guerra desde Europa, fue bastante sencillo ocupar sus “Indias Orientales”. Pero el pueblo indonesio seguía sometido al trabajo forzado y expolio por parte de un imperio extranjero, ahora japonés. Esta situación duraría hasta 1945.
El 17 de agosto de 1945, dos días después de la rendición de Japón, Sukarno y Hatta declararon la independencia de Indonesia de los japoneses. Su expulsión fue sencilla, puesto que no habían tenido tiempo de arraigarse administrativamente. El problema fue que los neerlandeses intentaron recuperar las islas con una guerra que duró 4 años. En 1949, finalmente Indonesia logró que se reconociera internacionalmente su nacionalidad; aunque ellos celebran la fecha de 1945.
Hemos estado leyendo algo más de la situación en Indonesia, y hay algunas cursiosiades. Si queréis que tiremos un poco más por aquí, avisadnos (por whatsapp o por comentarios jeje) y lo vemos. Tendremos tiempo en Lombok!

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