Día 4: templos

Aunque el día empezó a las 6 de la mañana tuvimos una breve incursión islámica a las 2:30 de la mañana. El imán de la mezquita que colinda nuestro albergue decidió que era una buena hora para poner la oración a todo volumen por los altavoces del alminar.

Después empezamos el día con un Nasi Goreng (arroz frito) y nos subimos al Grab en dirección al templo Borobudur.

Mientras tanto Yudho, al volante y sorteando un tránsito eficientemente caótico, nos enseña un par de palabras para ir aprendiendo:

SenpaiHasta luego
Selamat tinggalAdiós
Salamat pagiBuen día
Terima kasihGracias
Sama samaDe nada

Templo Budista de Borobudur

Llegamos al templo Borobudur, los jardines que lo rodean son tan extensos que hay un sistema de minibuses que nos acerca al inicio de la visita. Nos dan unas sandalias para preservar el suelo del templo y empezamos! El templo es grandioso, con pequeños budas sentados. Nos sorprende que la mayoría de ellos están descabezados. Nos cuenta el guía la historia del porqué.

La historia resumida: hace 1200 años se construyó el templo en el centro de un lago. Simbolizaba la flor de loto. Sin embargo, a lo largo de un milenio, la selva empezó a convertir Borobudur en «la montaña de las mil estatuas». Cuando los europeos llegaron allí en el s. XIX, no debió ser fácil acceder, puesto que una leyenda javanesa pronosticaba un mal final a quien osara acercarse a esa zona. Esto no impidió les impidió despejar la selva, dejando el templo a la vista.

Las figuras de buda les parecieron muy exóticas, por lo que decidieron llevárselas. El problema era que pesaban unos 300kgs cada una, así que optaron por llevarse solo las cabezas. Acabaron en el museo británico, en el de Amsterdam o en casas de millonarios excéntricos estadounidenses. Hasta la fecha, las únicas cabezas que se han conseguido recuperar han tenido que ser recompradas irónicamente a los millonarios excéntricos que en su día se las llevaron de aquí.

Al salir pensamos que era una buena idea tomar un café. Para nuestra sorpresa, en indonesia se toma de forma diferente: se añade café molido al agua hirviendo, se remueve y se espera a que baje el poso. Y allí, con la boca accidentalmente llena de café molido, descubrimos que la paciencia es una de las virtudes budistas. Ya te puedes imaginar la cara de Yudho al contarle nuestra experiencia… así que nos acercó a probar el verdadero café de la zona: el café Kopi Luwak (café de civeta). Es probablemente el café más curioso del mundo. Si nunca has oído hablar de él, te dejamos un croquis para que descubras en qué consiste.

Templo Hinduista de Prambanan

Imagina un restaurante al lado de un río lleno de bambú, decorado como una casa típica javanesa. Así era Kali Opak Resto, el sitio donde nos llevó a comer, por solo 6€, Yudho.

Ya con la tripa llena, hemos llegado al templo Prambanan, esta vez hindú. Esta atracción, aunque llevaba el nombre de Paramban, en realidad englobaba muchos templos. Además, en cada área había distintos edificios consagrados a diferentes dioses. Nosotros habíamos contratado una excursión guiada al templo Sewu, que parecía ser el más relevante… cosa que nunca sabremos, porque el guía no vino. Así que, después de una hora esperando junto con otros 6 afortunados que compartieron el misterio, nos fuimos de vuelta a Yogyakarta.

Fin del día

Como era de esperar, nuestro ya amigo Yudho nos recomendó un sitio para cenar. El restaurante se ubicaba en un hotel de lujo, aunque Google Maps nos tenía una cura de humildad preparada. El recorrido hasta allí era perfectamente transitable por vías principales, sin embargo, fuimos por una callejuelas secundarias donde la higiene era solo opcional. Y ahí tienes a 2 europeítos por la noche, creyendo ir a un restaurante, tratando de mantener la calma entre murciélagos, cucarachas, y un pobre gato que no paraba de rascarse. Pues eso debió pensar un amable señor que nos ayudó a salir a la vía principal con un «¿adónde vais?». Héroe sin capa. Por cierto, la cena fue exquisita.

¿Te ha gustado? Pásaselo a quien quieras.

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