Días 14 y 15: las perlas de Lombok

Como nuestra estancia en Lombok se prolongaba más días, y sabemos que estáis deseando leer nuevas entregas, hemos decidido contaros nuestras andanzas en esta isla en 2 entradas. En esta ocasión nos centraremos en 6 situaciones que nos han sorprendido. Vamos allá!

Primera perla: transporte con regateo

Esa mañana nos tocaba coger el barco que nos llevaría a Lombok, donde nos esperan 5 días. Íbamos bajo aviso de que había que estar atentos a los conductores de taxi, tanto en Gili como en Lombok. Ofrecen un taxi con el precio muy inflado solo por estar dentro de la zona reservada del puerto. Y efectivamente, nada más llegar al puerto de salida, ya había un hombre que nos estaba endosando un coche para cuando llegáramos a Lombok. Él estaba convencidísimo de que 200.000 rupias (unos 10€ al cambio) era una super oferta. Así que, después de rechazar amablemente su propuesta unas 387 veces, nos embarcamos dirección Lombok.

Una vez en el puerto de llegada, mientras todavía nos estaban bajando las maletas de la bodega, vinieron a recibirnos al menos una decena de conductores. La super oferta ahora ascendía a 400.000 rupias. Cuando conseguimos salir de allí, y siguiendo el consejo de evitar los transportes desde zonas restringidas, decidimos buscar una cafetería cercana. Allí descansaríamos y pediríamos el taxi. La sorpresa nos la llevamos cuando encontramos transporte por 135.000 rupias. Así que, con la diferencia respecto a la primera oferta, nos echamos estos cafés.

Cafés con descuento y galletita de regalo!

Segunda perla: Pondok Asri

Llegamos a Pondok Asri, un vergel donde nos esperaban Martin y Rine, una pareja encantadora con dos hijas. Ese día fue como un regalo. Rine, indonesa, prepara una comida local super rica, así que nos quedamos a comer y a cenar, disfrutando de la piscina y de la estancia. Martin, que es holandés, se mudó a Lombok hace 6 años y se quedó a vivir con su hermano.

El porche de Pondok Asri.

La estancia donde estábamos estaba rodeada de jungla y atravesada por un rio sin agua porque era la estación seca. Los huéspedes se quedaban en la planta baja de la casa, mientras que la familia vivía en la primera planta, así que la atención era 24h. Al otro lado del río se encontraba la bonita piscina y más arriba se situaba la casa del hermano con un enorme huerto. Pudimos ver como plantaban papayas, mango, chilis, cocos… Una maravilla a los pies de una espesa jungla. Era un lugar realmente absorbente, lo comprobamos con nuestros vecinos: a la derecha teníamos a unos italianos que llevaban un par de semanas, y a la izquierda, a una pareja sudafricana que llevaba un mes allí!

La verdad es que en toda Indonesia no hemos visto un sitio tan limpio. Además al lado había una bonita playa que juntaba un bosque de palmeras con la costa. Fuimos a ver el atardecer y nos encontramos con una bonita nube que tapaba todo el cuadro. Así es la naturaleza, impresionante, preciosa, imprevisible.

Tercera perla: Pasar Pamenang

Al día siguiente salimos a ver los alrededores. Pedimos consejo a nuestros vecinos italianos, que nos recomendaron ver el mercado (Pasar en indonesio) en Pamenang, que sólo estaba abierto por las mañanas. Una vez allí, nos dimos cuenta de que a nuestros vecinos les gustaba el barro porque nos encontramos un mercado abarrotadísimo, con pequeños pasillos para atravesarlo y por supuesto sin ningún occidental a la vista. Creemos que fuimos la anécdota de varios vendedores de aquel día.

¿Jabón, galletas, pasta…? Nunca lo sabremos! 😅

Allí había de todo: pescados destripados, carnes con moscas, fruta y verdura de todo tipo, hasta uniformes escolares y chuches. Lo cierto es que, pese a lo sorprendidos que estaban de nuestra presencia, todos nos dedicaban una sonrisa y un amable «Hello!»

Cuarta perla: Matiara Lombok

Lombok es conocida por su producción de perlas (matiara en indonesio). Las tienen salvajes (de mar y de río) y también cultivadas en el mar. No nos podíamos perder la visita a la granja de perlas, así que nos plantamos allí sin reservar ni nada, a ver que había. La chica del mostrador nos informó de que no tenían plazas disponibles para la visita en barco guiada… pero nos explicó con un vídeo todo el proceso.

Hacer perlas es más lento de lo que pensábamos. Primero crían las ostras en la granja durante unos cuatro años, hasta que alcanzan el tamaño adecuado. Después las preparan para que abran la concha y poder hacerles una pequeña intervención. También necesitan una ostra donante, de la que extraen pequeños trozos del manto, que es el órgano que genera nácar. Según nos contaron, con una sola ostra donante pueden preparar unas veinte ostras. Como curiosidad, el nácar funciona como la baba de caracol, la segregan para cicatrizar heridas y aislar cuerpos extraños.

A cada ostra le introducen un pequeño núcleo junto con un trocito de ese tejido y, a partir de ahí, toca esperar. La ostra empieza a recubrirlo poco a poco con capas de nácar hasta formar la perla. Y poco a poco significa otros dos o tres años. Así que, entre criar la ostra y conseguir la perla, el proceso puede durar fácilmente seis o siete años. Desde luego, después de verlo, entendimos un poquito mejor por qué algunas perlas cuestan lo que cuestan y lo comprobamos en la propia tienda que tenía la granja. Nos fuimos con un amable «bye!» y a por la siguiente parada.

Quinta perla: Pura Batu Bolong

La siguiente parada era en un templo hinduista diferente a todo lo que habíamos visto hasta ahora. Construido en el siglo XVI, continúa siendo usado con fines religiosos por lo hindúes de la isla. Batu Bolong significa en indonesio roca agujereada. Debe su nombre al hueco que ha abierto el mar bajo la roca donde se levanta el templo. Es decir, el templo está a primera línea de playa mirando a Bali, vamos que perfecto para ir allí a hacer alguna foto chuli.

¿Quién somos? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es el sentido de la vida?

Sexta perla: Café Alberto

La salida del templo se junta con un bonito paseo a la orilla del mar, así que aprovechamos que que estaba nublado y salimos a mojar los pies. No nos llegamos a quitar las zapatillas, al ver el estado de la playa. Es una lástima que una paraje natural tan bonito esté tan lleno de plástico. Al menos, los pequeños cangrejos que correteaban por la orilla nos recordaron que, ante casi cualquier situación, la naturaleza se abre camino.

Café Alberto.

Estuvimos caminando unos 500 metros y, viendo que la situación no mejoraba, buscamos un barecito donde parar. Allí descubrimos el Café Alberto, un oasis en medio del plástico: se trataba de un restaurante, con piscina para los invitados, ducha, tumbonas, e incluso habitaciones. Todo sencillo, limpio y bastante bien cuidado. ¡Incluso las pajitas de las bebidas eran de metal! Poco después nos enteramos de que Rine, nuestra anfitriona en Pondok Asri, había trabajado allí años atrás. Todo queda en casa.

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