Despertamos al amanecer para despedirnos de la habitación de Ubud. Un Grab nos llevó en ayunas durante casi una hora por carreteras sinuosas, estrechas e infinitas. Y llegamos a nuestro destino: el puerto de Kusamba. Allí estaba el Gangga Express, el ferry que nos llevaría hasta Nusa Penida. Qué podía salir mal con ese nombre?
Nos llamó la atención la falta de turistas, por lo que preveíamos un viaje de esos de biodramina. Menos mal que unos reels sobre la mala mar a partir de media mañana alertaron a Eva con suficiente antelación como para comprar los primeros billetes del día. Viva el algoritmo! La verdad es que el viaje fue genial, sin mareos! Así que bien contentos llegamos a Nusa Penida.
De Chill
Un taxi nos acercó al hotel, donde nos esperan Putu & Ayu, un matrimonio joven con un peque de unos 2 añitos muy majete. Son las personas más serviciales con las que nos hemos encontrado en este viaje. Y el listón está alto.
Ya al llegar nos presentaron a Made, su chófer, para que nos acompañara durante el plan entero del día siguiente. Hechas las presentaciones, nos ofrecieron desayuno en el hotel.

Una vez desayunados decidimos que el día iba a ser pausado, así que qué mejor sitio para ir que The Chill Penida. Primera experiencia en moto! Ayu y su sobrina nos han acercado en moto al café restaurante con piscina. Aquí aprenden a ir en moto después de dar los primeros pasos, así que nos dio mucha confianza.
El sitio es increíble, un lugar perfecto para relajarse o traerse el portátil en plan influencer… o teletrabajador. Se juntaba el restaurante con una piscina infinity y unas escaleras que llevaban al mar. La pena era que hacía un día de viento y no apetecía mucho meterse en el agua, pero nos vino genial para descansar un ratito y comer.
Después ya en el hotel, caímos. Nos echamos una buena siesta, se notaba el cansancio de los días anteriores.
Una cena “espectacular”
Después de un día de recuperación de pilas, encontramos un sitio con buenas reseñas para cenar. Varias personas habían puesto que era el mejor sitio de la isla y que habían ido todos los días, así que había que probar semejante despliegue de sabores. Se trataba de un warung, que son esos establecimientos a pie de carretera, que casualmente nos quedaba a 5 minutos andando del alojamiento.
Una vez allí, y con un curry y una hamburguesa vegana, no entendíamos por qué la gente lo valoraba tan bien. El día siguiente se desveló el misterio: era el único sitio al que podíamos ir sin necesidad de un vehículo. Por eso repetíamos todos! 😅
De «foto tour» por la isla
Madrugón a tope, empezamos el día con Made, el conductor del hotel que nos llevará a los puntos más turísticos de la isla: Pantai Kelingking, Pasih Uug, Angel’s Billabong y Pantai Crystal Bay. Si pudiéramos usar solo 3 palabras para definir las carreteras de la isla, seguramente serían: bache, desnivel y atasco. Y así fueron las casi 4 horas de desplazamiento entre puntos.
Pantai Kelingking (Playa del Meñique)
La primera parada fue en Pantai Kelingking, que en indonesio significa Playa del Meñique, y es conocida por su forma similar a la de un T-Rex. El gran consejo de todos los influencers era estar allí súper pronto para que no hubiera mucha gente. La lógica de Putu era diferente: si todos piensan que hay que ir antes, se llenará de gente a esa hora. Así que fuimos a media mañana y todo bien.
El objetivo del viaje era el siguiente: llegar- foto – coger el coche a por la siguiente foto. Se notaba que Made dominaba el plan, ya que se sabía todos los puntos chulis de dónde hacerse las fotos. Nosotros no lo llevamos tan bien porque no dominamos tanto el arte del postureo. Cuando nos pedía la siguiente pose, no sabíamos que hacer y nos entraba la risa. Esas son las mejores fotos 😄

Angel’s Billabong y Pasih Uug (Playa Rota)
La siguiente parada englobaba dos puntos: Angel’s Billabong y Pasih Uug. Llenazo absoluto, vimos los acantilados que nos parecieron una pasada, foto y al coche.
Por cierto, un billabong es una especie de piscina natural que se forma cuando una parte del río o del mar queda aislada entre las rocas. Vamos, una piscinita natural muy mona… hasta que llegan las olas y entiendes por qué te han recomendado no bajar al agua.

La playa rota (Pasih Uug o Broken Beach) se llama así porque parece que el acantilado se ha desparramado, dejando a la vista un alucinante puente natural.

Pantai Crystal Bay
La tercera parada tuvo más interés, bahía de cristal. Nos tocaba por fin lo que estábamos deseando, un poquito de playa. Made nos dejo allí para que ya nos quedaramos lo que quisiéramos. Después de comer fritanga chunga típica de playa, nos dejamos un riñón en alquilar unas hamacas, siesta y al agua!

A pesar de la fuerte corriente el agua estaba fresquita. Una vez ya dentro del agua, Eva se llevó una sorpresa. Al girar la cabeza le estaba observando una serpiente que había aprovechado para sacar la cabeza y respirar. Al grito de «UNA SERPIENTE!» nos dimos cuenta de la cantidad de españoles que teníamos alrededor, porque salimos escopeteados unos cuantos. Después del susto, buscamos de qué serpiente se trataba. Era una Krait de mar, una de las serpientes más pacíficas y venenosas del mundo, así que nada de qué preocuparse.
Evidentemente no nos metimos más en el agua, y en un rato tomamos rumbo de vuelta a casa. De nuevo, 45 minutos de GPS que se convirtieron en hora y media de trayecto.
Despedida motivadora
Una vez en el hotel, coincidimos con Ana María y Sergio, una pareja que lleva viajando desde octubre por todo Asia. Se sabían todos los trucos de viajes por esta zona y los cuentan en Instagram (los puedes seguir aquí) y venían de Gili Meno y Lombok, que son nuestra siguiente parada. La conversación nos absorbió durante un buen rato y se nos hizo de noche, así que decidimos ir a cenar los cuatro… al mejor restaurante de la zona.

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